De todo lo que hay en Nisyros, el Paleokastro es lo más infravalorado. Las excursiones de un día no lo incluyen, la mayoría de los visitantes ni sabe que existe y sin embargo es uno de los recintos amurallados antiguos mejor conservados de todo el Egeo.
Son las murallas de la acrópolis de la ciudad antigua de Nisyros, levantadas en el siglo IV a.C. con bloques de basalto negro de tamaño descomunal, encajados unos con otros sin una gota de mortero. A este tipo de construcción se le llama ciclópea precisamente porque a los griegos posteriores les costaba creer que hombres normales hubieran movido esas piedras. Ver esos bloques negros perfectamente ajustados, con juntas de milímetros después de veinticuatro siglos, deja bastante callado.
Qué se ve exactamente
El recinto conserva tramos de muralla de hasta cinco o seis metros de altura, una puerta monumental con dintel de una sola pieza y restos de torres. Dentro del perímetro hay cimientos de edificios y algún elemento arquitectónico suelto. No hay reconstrucciones, ni pasarelas, ni centro de visitantes: es un yacimiento abierto, sin vallar, sin taquilla y sin nadie vigilando.
La entrada es libre y no hay horario. Eso significa que puedes subir a la hora que quieras, incluido el atardecer, que es cuando el sitio está mejor: el sol de poniente da de lleno en la piedra negra y se ve toda la costa norte de la isla y el mar hacia Kos.
Pain point sobre expectativas: si vienes de ver Delfos o Micenas, aquí no hay espectáculo monumental ni explicación museística. Hay unas murallas extraordinarias en un cerro con una vista enorme y silencio absoluto. El valor está en la calidad de la piedra y en la soledad, no en la escala.
La subida
Se sube desde Mandraki por un camino señalizado que arranca en la parte alta del pueblo. Son unos veinte minutos de cuesta continua, con escalones de piedra y algún tramo de pista. No es difícil, pero es subida constante y sin sombra.
Lo que eso implica: no lo hagas a mediodía en julio o agosto. La mejor hora es a primera de la mañana o después de las seis de la tarde. Lleva agua, calzado con suela que agarre (la piedra volcánica pulida resbala) y una gorra. Arriba no hay ni fuente ni bar.
Si vas con niños, es perfectamente asumible desde unos seis o siete años. Lo que hay que vigilar arriba son los bordes de los muros, que no están protegidos.
Cómo encajarlo
Es la excursión ideal para la tarde de llegada o para la mañana antes de coger el barco, porque se hace entera desde Mandraki sin necesidad de coche. Hora y media contando la subida, el paseo por el recinto y la bajada.
Combina muy bien con el museo arqueológico de Mandraki, que está en el pueblo y expone las piezas encontradas en la isla, entre ellas material procedente de este yacimiento y de las necrópolis cercanas. Ver primero las murallas y luego los objetos, o al revés, da una idea bastante completa de lo que fue Nisyros antes de que la conocieran por el volcán.
Y una nota final para quien tenga tiempo: desde el Paleokastro se ve perfectamente la relación entre el pueblo, el mar y la ladera que sube hacia el cráter. Es el mejor sitio de la isla para entender su geografía de un vistazo, antes de meterte en el coche a recorrerla.