La isla que no se ve desde el coche

Paxi tiene doce kilómetros de carretera principal y un interior entero que solo se recorre a pie. Ese interior son más de 200.000 olivos plantados en época veneciana, terrazas sostenidas por muros de piedra seca levantados a mano hace siglos, caminos empedrados que unían los caseríos antes de que hubiera asfalto y una docena de iglesias diminutas casi siempre cerradas.

Es gratis, se hace por libre y es la actividad que más gente se pierde por asumir que en una isla tan pequeña no hay nada que caminar.

Las rutas que merecen la pena

Lakka - Ypapanti (1 hora ida y vuelta, fácil). Sale del oeste de Lakka y sube entre olivares hasta la iglesia de Ypapanti, con su campanario alto al que se puede subir por una escalera interior empinada. Desde arriba se ve el norte entero de la isla. Es la mejor relación esfuerzo-recompensa de Paxi.

Lakka - Harami por la costa (40 minutos ida, fácil). El camino litoral hacia el oeste, entre pinos y olivos, que termina en la cala de Harami. Casi llano. Combinable con baño.

Loggos - Monodendri por la costa (20 minutos, fácil). Un paseo corto entre olivares con vistas al canal, con el último tramo por pista de tierra. Ideal para hacer antes de comer.

Interior: Magazia - Vassilatika - Bogdanatika (2 a 3 horas, medio). La ruta larga por los caseríos del centro de la isla, con casas de piedra abandonadas, prensas de aceite en ruinas, cisternas venecianas y prácticamente ningún turista. Es donde se entiende de verdad cómo vivía Paxi antes del turismo.

Erimitis al atardecer (30 minutos, fácil). Desde el aparcamiento del bar de Erimitis hasta el borde de los acantilados de arcilla blanca y naranja de la costa oeste. Es el sitio donde se pone el sol en Paxi.

Cuándo caminar (esto importa mucho)

De mayo a septiembre, únicamente a primera hora de la mañana o a partir de las seis de la tarde. Las rutas del interior no tienen sombra continua y en julio y agosto el termómetro se va a 35 grados con humedad alta. Caminar a mediodía en verano en esta isla es un error clásico y desagradable.

Los meses ideales son abril, mayo, octubre y noviembre: temperatura suave, olivares verdes y, en primavera, la isla llena de flores silvestres. En invierno se camina perfectamente, aunque el terreno arcilloso del oeste se pone resbaladizo tras la lluvia.

Señalización, mapas y perderse

La señalización es irregular. Hay tramos con marcas de pintura y postes de madera, y tramos donde el sendero se difumina entre olivares y hay que buscar la traza. No es peligroso, la isla es tan pequeña que caminando en cualquier dirección llegas a una carretera o al mar en menos de una hora, pero se pierde tiempo.

Descarga las rutas en la aplicación de mapas que uses antes de salir y llévalas sin conexión. La cobertura móvil es buena en la costa este y desaparece en el interior alto y en la fachada oeste.

Existe un mapa de senderos de Paxi que venden en las agencias y kioscos de Gaios por unos pocos euros. Es tosco pero útil, con los caseríos y las bifurcaciones marcados.

Qué llevar

Zapatilla de trekking o deportiva con suela agarrada. Las chanclas no valen: el terreno es piedra suelta, raíz de olivo y arcilla.

Dos litros de agua por persona en verano (no hay fuentes en el interior), gorra, crema solar y algo de comer. Pantalón largo fino si vas a atravesar zonas de matorral, porque hay zarza y arbusto espinoso en los tramos menos frecuentados.

Y un detalle local: los olivares son propiedad privada aunque no estén vallados. Los caminos son públicos, pero no se cogen aceitunas ni se entra en las casas abandonadas, que además tienen suelos en mal estado.

Con niños y en familia

Las rutas cortas de costa (Lakka-Harami, Loggos-Monodendri) son perfectamente aptas desde los seis o siete años, sobre todo si acaban en un baño. Las rutas de interior de dos o tres horas requieren costumbre de caminar.

Si prefieres ir guiado

No hay una oferta estable de guías de senderismo en Paxi. Algunas agencias de Gaios organizan salidas puntuales en primavera y otoño, y hay operadores internacionales que venden semanas de senderismo con base en la isla. Si viajas en temporada alta, lo normal es que hagas las rutas por tu cuenta, que es también lo más agradable.

Para cambiar de plano y ver desde el mar los acantilados que has estado mirando desde arriba, el circuito en barco por las cuevas azules es el complemento natural.