Adamas (también escrito Adamantas o Adamanta) es el puerto principal de Milos y el sitio por el que casi todos los viajeros entran a la isla. Se sienta en la orilla norte de la caldera, esa bahía interior descomunal que es uno de los puertos naturales más grandes del Mediterráneo, con aguas quietas y protegidas del meltemi por el propio anillo de la isla. Aquí atracan los ferries de Piraeus y desde aquí salen prácticamente todas las excursiones en barco a Kleftiko, Poliegos y las playas del sur.
Punto de dolor: primera impresión. Adamas no es el pueblo más bonito de Milos, y eso desconcierta a quien llega esperando la típica postal cicládica de Plaka o Pollonia. Es un puerto de trabajo, con más edificios funcionales que pintorescos y una zona de aparcamientos y agencias de alquiler junto al muelle. La belleza aquí es utilitaria: si buscas conexiones, servicios y logística, Adamas gana. Si buscas foto de calendario, sube a Plaka.
Dicho eso, el paseo marítimo tiene su encanto. Cae la tarde y los pesqueros vuelven descargando pulpo y calamar directamente sobre las mesas de las tabernas. Enalion, O! Hamos (el mismo grupo que tiene el de Plaka pero con menú de mar), y Aggeliki son referencias sólidas para cenar pescado fresco. Precio medio 30-45 € por persona con vino. La zona detrás del puerto, más residencial, esconde algunas tabernas locales sin nombre en inglés donde comerás igual de bien por 20 € (busca las que tengan la carta escrita a mano en la puerta).
En cuanto a servicios: aquí están el hospital, los supermercados grandes (AB, Sklavenitis), las oficinas centrales de ferry, todas las agencias de alquiler de coches y motos, y la mayoría de dive centers. Si necesitas cajero automático, farmacia o médico, Adamas es el sitio. También hay un panadero en la plaza (Bakalogatos) que abre a las 6:30 y hace bougatsa y espanakopita para los madrugadores del ferry.
Del casco urbano en sí destacan dos cosas: la Iglesia de la Santa Trinidad (Agia Triada, del siglo XVIII), justo detrás del puerto, con un pequeño Museo Eclesiástico donde se guardan iconos y objetos de gran valor rescatados de iglesias en ruinas de toda la isla; y el Museo Minero de Milos, uno de los mejor documentados de Grecia sobre historia industrial, con una hora de recorrido bien invertida. Explica por qué Milos fue durante siglos una economía minera, no turística: obsidiana en la Edad de Bronce, azufre, bentonita, kaolín y bario hasta hace apenas 40 años.
La playa urbana de Adamas se llama Lagada y tiene un par de chiringuitos, es cómoda si necesitas un baño rápido antes de coger el ferry, pero no es representativa de las playas de Milos ni por asomo. Para ver realmente el litoral de la isla hay que salir a Sarakiniko, Firiplaka o Kleftiko.
Como base para dormir, Adamas tiene la oferta más amplia y variada: hostales desde 60 €, apartamentos familiares en 100-150 € y hoteles boutique en 180-300 €. La ventaja es la conexión (todos los buses paran aquí y no dependes del coche) y estar al lado del ferry para el último día. La desventaja es la falta de encanto visual comparado con Pollonia o Plaka. Punto medio para quien no alquila coche y quiere logística fácil.
Un consejo local que casi nadie sigue: al este del puerto, siguiendo el paseo marítimo unos 400 metros hasta la punta, hay un mirador informal donde locales se sientan al atardecer con una cerveza y ven la puesta de sol reflejada sobre la caldera. Nada oficial, ningún cartel, pero es uno de los mejores momentos de Adamas y no cuesta un euro.