Pollonia es el segundo pueblo de Milos por importancia y el favorito de muchos viajeros repetidores. Se sienta en el extremo nordeste de la isla, mirando al canal que la separa de Kimolos por apenas 800 metros de mar. A diferencia de Adamas, que es puerto de trabajo, y de Plaka, que es capital administrativa, Pollonia mantiene la escala de pueblo pesquero real, con unas 250-300 personas viviendo el año completo y un ambiente que gana en tranquilidad lo que pierde en servicios.
El pueblo se dispone alrededor de un puerto natural pequeño y una playa urbana de arena mixta que ocupa la totalidad del frente marítimo. La playa no es la mejor de Milos (hay corrientes cuando sopla el meltemi y la arena es más bien basta) pero funciona bien para un chapuzón entre comida y siesta, especialmente para familias porque el fondo es muy suave. Un poco al oeste, en la ensenada de Voudia, hay un baño más limpio y menos frecuentado si buscas privacidad.
Lo mejor de Pollonia es su paseo marítimo. Una franja de 300 metros de tabernas de pescado con mesas al ras del agua, casi todas familiares, con el pescado que trajeron los barcos por la mañana expuesto sobre hielo. Los nombres a memorizar: Enigma (pulpo, pasta con marisco, cocina griega contemporánea), Armenaki (tabernas más tradicional, buenísima moussaka), Gialos (mesas a nivel del mar, especialidad en langosta con pasta) y Rifaki (bar de cócteles con cocina, para cenar más tarde). Precio medio: 35-60 € por persona con vino, más caro que Adamas pero justificado por la calidad y la ubicación.
Punto de dolor: reservar. En julio y agosto, especialmente para cena, hay que reservar con 24-48h de antelación. Los locales lo saben, los viajeros que llegan sin reserva se comen colas de 45 minutos o se quedan sin sitio. Casi todos aceptan reserva por WhatsApp desde su web.
Detrás del paseo marítimo el pueblo se abre en tres o cuatro calles secundarias con casas encaladas, buganvillas y una iglesia blanca a un lado (Agia Paraskevi) que aparece en el 90% de las fotografías del pueblo. Es un buen pueblo para caminar sin objetivo durante la hora anterior al atardecer, cuando la luz cae en oro sobre las paredes blancas.
Desde el pequeño puerto de Pollonia sale el ferry a Kimolos, un servicio muy corto (25 minutos, 4-5 salidas diarias, 4 € por persona sin coche, 15-20 € con coche) que permite cruzar en el día para conocer la isla vecina y volver por la tarde. Es una de las excursiones más recomendables de Milos y muy poca gente la hace porque no sale desde Adamas. Con vehículo puedes hacer Kimolos entera en un día (playas de Prassa, monasterio de la Virgen de Skiadi, la playa dulce de Aliki) y estar de vuelta para cenar en Pollonia.
Muy cerca de Pollonia, apenas 3 km al oeste, está el yacimiento minoico de Filakopi, una ciudad de la Edad de Bronce que floreció por el comercio de obsidiana. Hoy quedan cimientos, tramos de muralla y el emplazamiento de un pequeño santuario. Entrada 2 €, visita rápida de una hora, mérito arqueológico más que visual. Si te interesa la historia antigua, es imprescindible; si no, se puede saltar.
Como base para dormir Pollonia es más cara que Adamas pero también más agradable. Estudios y apartamentos boutique entre 130 y 300 €/noche. Recomendables Nefeli Sunset Studios (cerca de la playa, estilo cicládico moderno) y Kapetan Tasos Suites (con piscina y vistas al canal de Kimolos). Reservar en enero-febrero para julio ahorra 30 %. La desventaja de dormir aquí es la distancia a las playas del sur (Kleftiko, Firiplaka, Tsigrado, Paliochori quedan a 25-40 min en coche): si tu prioridad es la playa hardcore, base mejor en Adamas o en algún alojamiento intermedio.