Antes de que hubiera carreteras, los veinte pueblos del sur de Quíos estaban unidos por caminos empedrados por los que iban y venían los productores de mastiha, las mulas cargadas de resina y los vecinos que se casaban entre aldeas.
Esos caminos siguen ahí. Muchos se han recuperado y señalizado en las últimas décadas, y hoy forman una red de senderos que es probablemente la mejor forma de ver la Mastihohoria de verdad, no solo sus plazas.
Las rutas que funcionan mejor
Mesta a Limenas Mestón. La más fácil y la más agradecida. Unos cuatro kilómetros bajando desde Mesta hasta el puerto por camino antiguo, con vistas al mar casi todo el rato. Se hace en una hora larga y se acaba comiendo pescado en el puerto. La vuelta se puede hacer en taxi si no apetece subir.
Mesta a Olymbi. Unos cinco kilómetros entre campos de lentisco, conectando dos pueblos amurallados. Terreno llano, muros de piedra seca a ambos lados y la posibilidad de ver los cultivos de cerca. Dos horas ida y vuelta.
Olymbi a Pirgi. Enlaza con Pirgi y permite montar una travesía de pueblo en pueblo de media jornada.
Vessa y alrededores. Menos transitada, con la torre y las murallas del pueblo como punto de partida.
Todas están marcadas con señalización de la red de senderos de Quíos, y la oficina de turismo de la Chora reparte un folleto gratuito llamado Cultural Routes of Chios con los trazados.
Cuándo caminar aquí
Esto es lo importante y donde la gente se equivoca.
Primavera (abril y mayo) y otoño (octubre y noviembre) son las estaciones buenas. Temperatura razonable, campo verde, flores.
En julio y agosto solo a primera hora de la mañana, saliendo antes de las ocho. A partir de las once, el sur de Quíos es un horno sin sombra y los caminos discurren por terreno abierto.
En invierno se camina perfectamente, con la ventaja de que los pueblos están vacíos de turistas y llenos de vecinos.
Qué llevar
Agua, mucha más de la que crees. No hay fuentes fiables en el camino.
Gorra y protección solar. La sombra es escasa: los lentiscos son arbustos bajos y no cubren.
Calzado cerrado con suela. Los tramos empedrados antiguos tienen piedras sueltas.
Móvil con el mapa descargado. La señalización es buena pero hay cruces confusos, y la cobertura no es fiable en todos los tramos.
Nada de bastones ni equipo técnico: no es montaña, es campo.
Dificultad real
Fácil o moderada según ruta. Los desniveles son suaves y las distancias cortas. Cualquier persona con condición física normal puede hacer las rutas de dos horas.
No es apto para carrito de bebé. Con niños a partir de siete u ocho años funciona bien si eliges los tramos llanos.
Cómo organizarlo
No hay que reservar nada ni pagar nada. Se aparca en el pueblo de salida y se camina.
Si prefieres ir acompañado, en Mesta hay asociaciones locales y guías que organizan salidas guiadas por los senderos y visitas a campos de lentisco en temporada de cosecha, entre julio y septiembre. No se reservan por plataforma: se pregunta en los cafés de la plaza o en el alojamiento. Los precios rondan los veinte o treinta euros por persona.
Esa es la forma en que funcionan las cosas en Quíos y, sinceramente, funciona bien.
Por qué merece la pena
Caminar entre los campos de lentisco cambia la percepción de la isla. Desde el coche los ves pasar. Andando entre ellos, con los muros de piedra seca a los lados y un pueblo amurallado apareciendo al fondo, se entiende por qué esta resina justificó construir veinte fortalezas.
Y es gratis, que en un viaje donde el alquiler de coche se lleva la mitad del presupuesto no es un detalle menor. Combina bien con una tarde de playa en Vroulidia o en Mavra Volia, las dos en el mismo extremo de la isla.