Se sube a Manolates por una carretera de curvas cerradas que arranca de la costa norte y trepa entre pinos y castaños durante ocho kilómetros. Cuando llegas arriba, a unos 400 metros de altura, tienes que dejar el coche en la explanada de la entrada porque el pueblo no tiene calles por las que quepa un vehículo.

Y eso es exactamente lo que lo salva.

Un pueblo que no se puede recorrer en coche

Manolates son cinco o seis calles empedradas en pendiente, casas de piedra con balcones de madera pintados, macetas colgando de las paredes y gatos tumbados en cada escalón. Viven aquí menos de cien personas todo el año.

No hay nada que "ver" en el sentido de monumento. No hay yacimiento ni museo ni iglesia importante. Lo que hay es un pueblo de montaña griego que funciona, con su plaza, sus tres tabernas, un par de talleres de cerámica y ceramistas trabajando de verdad, y tiendas donde venden miel, hierbas de la sierra y el vino de la zona.

El plan aquí es no tener plan. Aparcas, subes, te pierdes veinte minutos por las callejuelas, te sientas en una terraza con vistas al valle y dejas pasar dos horas.

Comer arriba, que es a lo que se viene

Las tabernas de Manolates tienen fama justificada en toda la isla, y bastante gente sube desde Kokkari solo a comer.

La cocina es de montaña, no de mar: guisos de cabrito, revueltos con verduras silvestres, quesos locales, berenjena rellena, y de postre el yogur con miel y nueces de rigor. El vino de la casa es de las viñas de alrededor y suele estar mejor de lo que sugiere el precio.

Cuenta entre 14 y 20 euros por persona. Y reserva mesa en agosto si quieres la terraza con vistas, porque son cuatro mesas y las mejores se ocupan a la una.

La caminata desde Kokkari

Manolates está conectado con la costa por un sendero señalizado que sube desde Kokkari a través de Vourliotes. Son unos ocho kilómetros de recorrido total en circuito, con unos 500 metros de desnivel acumulado, que se hacen en dos horas y media a tres de subida cómoda.

El camino atraviesa olivares, un tramo de bosque de castaños y varios arroyos que en primavera llevan agua. Hay sombra en buena parte del recorrido, cosa poco habitual en las islas griegas.

Consejos prácticos si la haces: sal temprano, entre siete y ocho de la mañana en verano, porque a partir de las once el calor pega aunque haya sombra. Lleva dos litros de agua por persona, hay fuente en Vourliotes pero no en el camino. El sendero está marcado con señales de madera y pintura, pero conviene llevar la ruta descargada en el móvil porque hay bifurcaciones sin cartel.

Mucha gente sube andando y baja en taxi. Es una opción perfectamente razonable y en las tabernas del pueblo te llaman uno.

Vourliotes y la bodega

A tres kilómetros de Manolates está Vourliotes, otro pueblo de montaña parecido pero algo mayor, con una plaza arbolada preciosa y más tabernas.

Cerca del pueblo hay bodegas familiares donde se cata el Muscat de Samos, el vino dulce con denominación de origen que hizo famosa a la isla, y también el blanco seco que produce la cooperativa. La visita suele incluir un paseo por las viñas en bancal, explicación del proceso y cata de tres o cuatro vinos.

Combinado con la comida en Manolates, hace un día completo de montaña sin pisar la playa. Nos parece el mejor día "no de playa" que se puede hacer en Samos.

Los inconvenientes

La carretera. Ocho kilómetros de curvas cerradas y firme estrecho, con tramos sin quitamiedos. Si conduces poco o te mareas de pasajero, lo vas a pasar regular. No es peligrosa si vas despacio, pero exige atención.

El aparcamiento. Cuatro o cinco plazas en la explanada de la entrada, más algún hueco en el arcén. En agosto, a la hora de comer, se llena. Sube a las once y media o después de las cuatro.

No hay cajero. Lleva efectivo, aunque casi todas las tabernas aceptan tarjeta ya.

Fuera de temporada cierra casi todo. Entre noviembre y abril, la mitad de las tabernas y todas las tiendas de artesanía echan el cierre. Sigue siendo bonito para pasear, pero no cuentes con comer allí.

¿Merece el desvío?

Sí, y bastante. Es el contrapunto perfecto a los días de playa y es lo que hace que Samos no se parezca a las Cícladas. Un pueblo de montaña con castaños y arroyos a media hora del mar Egeo no es algo que se vea en muchas islas griegas.

Si solo tienes un día para el interior de la isla, este es el que hay que hacer. El resto del itinerario, en nuestra guía de Samos, y si prefieres un plan de agua para el día siguiente, Potami combina bosque y mar en la misma excursión.