Therma se oye antes de verse. Vas por la carretera del este, catorce kilómetros desde el puerto, y de pronto el aire cambia de temperatura porque estás entrando en un bosque de plátanos y castaños de indias cruzado por arroyos que bajan de la montaña. Es, con diferencia, el rincón más fresco y verde de Samotracia, y no se parece a nada del resto del Egeo.
Oficialmente el pueblo se llama Therma, pero todo el mundo lo llama también Loutra, "los baños", por las aguas termales que le dieron nombre y sentido. Es el sitio donde se aloja el viajero que viene a caminar, y donde late por la noche el corazón de la isla.
Los baños que llevan siglos aquí
No hay que buscar mucho: el edificio blanco y grande junto a la parada del autobús es el balneario municipal. Dentro hay manantiales minerales de aguas termales que se han usado durante siglos con fines terapéuticos, especialmente para problemas reumáticos y de piel.
El horario habitual de verano, de junio a septiembre, es de 07:00 a 10:00 por la mañana y de 18:00 a 21:00 por la tarde, y la entrada cuesta desde unos 4 euros. Nuestra experiencia: no esperéis un spa moderno. Es un balneario griego de pueblo, funcional y algo austero, con bañeras individuales y azulejo. La gracia está precisamente en eso.
Seamos honestos con las expectativas: estas aguas no tienen la potencia de las de Ikaria, que son las más radiactivas de Europa. Pero después de cinco horas subiendo el monte Fengari, agradecen igual.
La puerta de las vathres
La razón principal por la que Therma se llena en verano no son los baños, son las pozas. A unos cuatro kilómetros hacia el este arranca el sendero del río Fonias, con su caseta de tickets junto al puente, y en cuarenta minutos de caminata fácil se llega a la cascada de doce metros y a la poza de Paradisos.
Y a apenas dos kilómetros del pueblo está el desvío de Gria Vathra, el otro gran conjunto de piscinas naturales, más accesible y más frecuentado por familias.
Esa combinación (dormir bajo los plátanos, desayunar y caminar veinte minutos hasta un cañón con agua helada) es lo que hace de Therma la base logística obvia para quien viene a lo natural. Si estáis dudando entre alojaros aquí o en el puerto, la pregunta es simple: ¿venís a caminar o venís de paso?
Las noches
Therma es el único pueblo de la isla con vida nocturna, entendiendo por eso algo muy distinto de una discoteca. Los cafés al aire libre se llenan cada noche de gente de todas las edades cantando, tocando la guitarra y bebiendo tsipouro hasta tarde. El Kafeneio ta Therma es el punto de reunión clásico.
Aquí es donde nació la reputación bohemia de la isla, alimentada por los festivales de reggae y música alternativa que se montan por la zona en verano. Es un ambiente relajado y amable, sin postureo.
Un aviso práctico e importante: precisamente por esa fama, la policía portuaria de Kamariotissa es muy estricta con los controles de drogas en julio y agosto. Vale la pena viajar limpio y sin objetos ambiguos en la mochila, incluso siendo la legislación griega relativamente laxa con el cannabis.
Dormir y comer
Therma tiene una selección decente de hoteles pequeños y habitaciones, más económica que el puerto y bastante más atmosférica. También están aquí los dos campings oficiales de la isla, que son la opción barata clásica: el camping libre es técnicamente ilegal aunque se practique ampliamente, y esta zona es la única con electricidad viable para acampar.
Las tavernas del pueblo cubren bien el cabrito y las verduras silvestres. No hay alta cocina, hay comida honesta a precio bajo.
Un último punto sobre comodidad: el pueblo está en pendiente y entre árboles, con caminos de tierra y raíces en varios accesos. Es cómodo para caminar pero no para carritos ni sillas de ruedas. Y llevad repelente: tanta agua y tanta sombra tienen su precio en mosquitos al atardecer.