De todos los sitios de Paros, este es el que menos gente visita y el que más nos sorprendió. No hay entrada, ni taquilla, ni panel explicativo decente, ni guardia. Solo un desvío mal señalizado en la carretera de Parikia a Lefkes, un camino de tierra y, al final, unas bocas negras abiertas en la ladera.

De ahí salió el mármol más famoso de la Antigüedad.

Qué tiene de especial este mármol

El mármol de Paros, llamado lychnites, es de grano finísimo y ligeramente translúcido: la luz penetra unos milímetros en la piedra antes de reflejarse. Eso hace que una escultura pulida no parezca piedra, sino piel. Los escultores griegos lo sabían y pagaban lo que hiciera falta por él.

Con esta piedra se hicieron la Venus de Milo, la Victoria de Samotracia, el Hermes de Praxíteles y buena parte del Templo de Apolo en Delos. Muchos siglos después, en 1840, se reabrieron las canteras para extraer el bloque con el que se labró el sarcófago de Napoleón en los Inválidos de París.

El nombre lychnites viene de lychnos, lámpara: se extraía en galerías subterráneas trabajando a la luz de lucernas de aceite. Los esclavos y trabajadores pasaban jornadas enteras bajo tierra, y las marcas de las herramientas siguen ahí en las paredes.

Lo que se ve hoy

Hay dos bocas principales, la de las Ninfas y la de Pan, con galerías que se hunden en la roca en pendiente descendente. Sobre la entrada de una de ellas hay un relieve del siglo VI antes de Cristo dedicado a las ninfas, bastante erosionado pero visible con luz rasante.

Dentro, el mármol blanco de las paredes brilla cuando le da la linterna. Las galerías descienden decenas de metros, con cámaras laterales y escalones tallados en la propia roca.

Repartidos por la ladera quedan restos de la explotación industrial francesa del siglo XIX: naves de piedra en ruinas, raíles, bloques abandonados a medio cortar y edificios sin techo que la vegetación se está comiendo. Ese abandono es parte del encanto del sitio, pero también su principal problema.

Aviso importante de seguridad

Esto hay que decirlo claro porque nadie lo señaliza bien. Las galerías no están acondicionadas para la visita. No hay iluminación, ni barandillas, ni refuerzos, ni personal.

El suelo está resbaladizo por el polvo de mármol y hay desniveles, pozos y desprendimientos. Entrar más allá de la zona de la boca es sencillamente peligroso, y ha habido accidentes.

Nuestra recomendación es la sensata: asómate a la entrada, ilumina con la linterna del móvil para hacerte una idea de la escala, recorre las ruinas industriales de la superficie y no bajes. La foto buena está en la boca de la galería, no en el fondo.

Si aun así quieres entrar unos metros, ve acompañado, con linterna frontal de verdad y calzado con suela agarrada. Nunca en solitario y nunca después de lluvia.

Cómo llegar

Marathi está a 5 kilómetros de Parikia, en la carretera que sube hacia Lefkes. El desvío está señalizado con un cartel pequeño y fácil de pasar de largo. Desde la carretera hay unos 400 metros de pista de tierra hasta el aparcamiento improvisado, transitable con coche normal pero incómoda.

El bus de Parikia a Lefkes para en la carretera principal, cerca del desvío. Desde ahí son unos diez minutos andando cuesta arriba.

Cuánto tiempo dedicarle y con qué combinarlo

Con una hora vas sobrado, incluyendo las ruinas industriales. No es una visita de medio día.

Lo lógico es encadenarla con Lefkes y la Ruta Bizantina en la misma salida hacia el interior, y rematar con una comida en la plaza del pueblo. Si antes has pasado por el Museo Arqueológico de Parikia y has visto la Crónica de Paros y las esculturas, la visita a las canteras cobra bastante más sentido: ves de dónde salía físicamente la materia prima de todo aquello.

Lleva agua y algo de calzado cerrado. Y ve por la mañana o a última hora: la ladera no tiene ni una sombra.