De todos los pueblos de Paros, Lefkes es el que menos se parece a la idea que uno tiene de una isla griega. Está a 300 metros de altitud, en un valle verde de olivos y cipreses, y desde muchas de sus calles no se ve el mar. Huele a tierra y a higuera, no a sal.
Fue la capital de la isla durante la ocupación otomana, y no por casualidad: los habitantes se retiraron al interior huyendo de los piratas que asolaban la costa. Esa lógica defensiva explica el trazado, un laberinto deliberadamente confuso donde es fácil perderse y muy difícil orientarse a caballo.
El pueblo
El nombre viene de los álamos blancos (lefki) que llenaban el valle y que hoy prácticamente han desaparecido. Lo que queda es un conjunto de casas medievales encaladas cubiertas de buganvillas rosas y rojas, callejones empedrados con escaleras y una plaza baja con cafés bajo los árboles.
En la parte alta está la iglesia de Agia Triada, construida enteramente en mármol de la isla en 1830. Vista de lejos parece pequeña, y de cerca resulta que tiene dos campanarios y una fachada que en cualquier ciudad continental sería una catedral menor. Es un buen recordatorio de lo rica que llegó a ser esta isla gracias a la piedra.
Hay también un Museo Folclórico diminuto donde se guardan trajes, aperos y tejidos. Abre de forma errática y la llave suele estar en el ayuntamiento. Si te dicen que está cerrado, insiste amablemente: casi siempre alguien la trae.
La Ruta Bizantina
Este es el motivo principal para subir a Lefkes, y merece un párrafo propio. Desde los molinos blancos que dominan el pueblo arranca un camino de losas de mármol que baja tres kilómetros hasta Prodromos, atravesando olivares, muros de piedra seca y algún puente antiguo.
La llaman Ruta Bizantina, aunque el pavimento actual es probablemente de época veneciana sobre un trazado anterior. Da igual: es una calzada de mármol de casi mil años por la que se caminaba entre pueblos antes de que existieran las carreteras, y sigue exactamente donde estaba.
Dificultad: baja, siempre en bajada si la haces de Lefkes a Prodromos. Duración: entre una hora y hora y cuarto a paso tranquilo. Lo que hay que saber es lo siguiente:
El mármol pulido resbala mucho cuando está mojado o cubierto de polvo fino. Con chanclas no se hace, hacen falta zapatillas con suela. No hay sombra prácticamente en todo el recorrido, así que en julio y agosto sal a primera hora o después de las seis. Y lleva agua: no hay ninguna fuente en el camino.
Desde Prodromos, un pueblo agrícola fortificado, se puede seguir quince minutos más entre olivos hasta Marmara, con sus calles pavimentadas de mármol, y de ahí otros dos kilómetros hasta Marpissa. El bus de vuelta a Parikia pasa por Marpissa y por Prodromos varias veces al día.
Cómo llegar y aparcar
Lefkes está a 12 kilómetros de Parikia por una carretera de montaña con curvas suaves, unos 20 minutos en coche. El bus KTEL de Parikia a Piso Livadi para aquí varias veces al día.
El pueblo es peatonal por completo, y el aparcamiento está a la entrada. No intentes meter el coche: las calles tienen escaleras.
Cuándo ir
Nuestro consejo es reservar Lefkes para el final de la tarde. Hacia las siete el sol de lado dora el mármol de Agia Triada, baja el calor, los gatos salen a las escaleras y los cafés de la plaza se llenan de gente del pueblo, no de turistas. Es un pueblo que a mediodía en agosto está muerto de calor y a las ocho de la tarde está vivo.
En primavera, además, el valle está verde y florido, y el contraste con la aridez del resto de las Cícladas resulta casi extraño. Si vienes en mayo, este es el mejor sitio de la isla para caminar.
Comer aquí
Las tabernas de la plaza baja tienen terrazas asomadas al valle. Es comida sencilla de pueblo, con guisos, carne a la brasa y verdura de la zona, y los precios son notablemente más bajos que en Naoussa o en la costa. Pide el queso local y el vino de la casa.
Si vas a hacer la Ruta Bizantina, come antes de bajar. En Prodromos hay poco más que un kafenio.