Hay pueblos en Grecia que salen bien en las fotos y decepcionan en persona. Naoussa es exactamente lo contrario: por muchas imágenes que hayas visto, la primera vez que llegas al puerto viejo al atardecer entiendes por qué la gente vuelve.

Está en la costa norte, a 10 kilómetros de Parikia, al fondo de una bahía enorme y protegida. Fue durante siglos un pueblo de pescadores sin más pretensiones, y buena parte de esa estructura sigue intacta bajo la capa de boutiques y coctelerías que le ha caído encima en los últimos veinte años.

El puerto y el castillo hundido

El corazón de Naoussa es su puerto pesquero, un rectángulo de agua con barcas de madera pintadas de azul, rojo y amarillo, amarradas a pocos metros de las mesas de las tabernas.

Cerrando la bocana están las ruinas de un kastelli veneciano del siglo XV, medio sumergido. No es una ruina restaurada ni vallada: es un muro de piedra que emerge del agua y al que se puede llegar caminando por un espigón cuando el mar está tranquilo. La costa lleva siglos hundiéndose lentamente y el castillo se ha ido con ella.

Sentarse en el murete al atardecer, con las barcas moviéndose y el castillo recortado contra el naranja, es de esas cosas que justifican un viaje. No cuesta nada y es la mejor media hora del día en Naoussa.

Los callejones

Detrás del paseo marítimo hay un casco viejo laberíntico de callejones blancos, arcos y escaleras que sube en pendiente suave. Es más pequeño que el de Parikia pero está más cuidado, y también más lleno.

Las tiendas son caras: joyerías de diseño, ropa de lino, cerámica. Los precios de Naoussa están claramente por encima de la media de la isla y no lo disimulan. La compensación es que las calles están impecables y que a partir de las nueve de la noche el ambiente es de los mejores de las Cícladas sin llegar al desmadre de Mykonos.

Un consejo para desayunar: en el casco viejo hay cafés que hacen granolas caseras con yogur de oveja y miel de tomillo, y son de los mejores desayunos que se pueden tomar en una isla griega. Cuestan entre 8 y 14 euros, que es mucho para Grecia y poco para lo que dan.

La fiesta del 23 de agosto

Si coincides, no te la pierdas. Cada 23 de agosto, cien caiques iluminados con antorchas se reúnen en la bahía y reproducen la victoria de los pariotas sobre una flota otomana durante la Guerra de Independencia. La representación acaba en la orilla con música, baile y vino hasta las tantas.

Es turístico, sí, pero también es real: lo organiza el pueblo, participan las familias del puerto y no se paga entrada. Ve temprano si quieres sitio en el paseo.

Base para las playas del norte

Naoussa es el mejor punto de partida para la mitad norte de la isla. Desde el puerto salen caiques en julio y agosto a las playas de la bahía, lo cual resuelve el problema del aparcamiento en agosto, que es un deporte de riesgo.

A tiro de piedra tienes Kolymbithres con sus rocas de granito esculpidas, Monastiri para hacer snorkel junto al monasterio, Lageri para escapar del gentío y Santa Maria al otro lado del cabo oriental, que es donde está el viento.

Vino y comida

En las afueras de Naoussa, a un paseo corto hacia el sureste, está la bodega Moraitis, que lleva prensando uva desde 1910. Se pueden visitar las bodegas de piedra originales y hacer una cata por unos 5 euros. Pide algo hecho con monemvassia, la uva autóctona de la isla: es una blanca con carácter que no se parece a nada del continente.

Para comer, el paseo del puerto está lleno de mesas literalmente a un palmo del agua. La comida es correcta y el precio, alto. Si quieres comer mejor por menos, sube dos calles hacia el interior.

Dónde aparcar y otros dolores de cabeza

Naoussa en agosto es un atasco. Hay aparcamiento gratuito a la entrada del pueblo, unos cuatrocientos metros antes del centro, y a partir de las siete de la tarde se llena. El casco viejo es peatonal.

Si te alojas aquí, cuenta con pagar entre un 30 y un 50 por ciento más que en Parikia por la misma categoría de habitación. Es el precio del encanto. Nuestra recomendación honesta: si vas de pareja y buscas ambiente, merece la pena. Si viajas con presupuesto ajustado o dependes del ferry, quédate en la capital y sube a cenar.