Limenaria, donde Agistri se despide del turismo

Limenaria no aparece en el mapa mental de la mayoría de visitantes de Agistri. Skala se lleva los titulares, Megalochori la autenticidad y Metochi las vistas. Pero Limenaria es otra cosa. Es la retaguardia de la isla. El lugar donde Agistri se encoge de hombros y se olvida de que existe el turismo.

Llegamos en bici eléctrica desde Skala un martes por la mañana. La carretera de circunvalación bordea la costa este entre pinares. Pasamos el desvío de Skliri y seguimos pedaleando hacia el sur. El asfalto se estrecha. Los coches desaparecen. Durante diez minutos fuimos los únicos seres humanos sobre la faz visible de la tierra.

Y entonces apareció Limenaria. Un puñado de casitas blancas con contraventanas azules. Una iglesia diminuta. Dos tavernas con las sillas aún apiladas sobre las mesas. Una parada de autobús con un cartel descolorido. Y el mar. Un mar verde intenso, profundo, que contrasta con el turquesa más famoso de Aponissos.

Nos sentamos en una de las tavernas. La señora que la regentaba nos miró con esa mezcla de sorpresa y bienvenida que solo encuentras en sitios donde no esperan clientes. Pedimos una ensalada griega y una Mythos helada. El tomate sabía a huerta. El queso feta era del día. Mientras comíamos, vimos pasar a tres vecinos. Tres. En una hora.

La playa de Limenaria está a tres minutos. No tiene tumbonas. No tiene chiringuito. Es una pequeña cala de cantos con aguas verdes y transparentes. Unos cuantos árboles dan sombra natural. El agua es profunda casi desde la orilla, lo que la hace perfecta para un buen chapuzón sin andar veinte metros con el agua por las rodillas. Nos bañamos solos. Absolutamente solos. En junio. En Grecia. Solos.

Limenaria es el lugar perfecto para escapar del bullicio del fin de semana. Cuando los atenienses toman Skala y las tumbonas de Aponissos se agotan antes del mediodía, aquí sigue sin pasar nada. Y esa es exactamente su magia.

El pueblo tiene unos cien habitantes. La mayoría mayores. Viven de la pesca y de poco más. Las dos tavernas solo abren en temporada. No hay tiendas ni supermercados. Si vienes, trae agua y algo de picar. Y sobre todo, trae tiempo. Porque en Limenaria el reloj se para. Y créenos: no querrás volver a darle cuerda.