Los molinos de Megalochori, testigos del pasado

Subimos a ver los molinos al atardecer. Era nuestra última tarde en Agistri y un vecino de Megalochori nos había dicho: «Id a los molinos antes de que se ponga el sol. Es el mejor sitio de la isla». Tenía razón.

Los molinos de viento de Megalochori se alzan en lo alto de una colina junto a la iglesia de Zoodochos Pigi. Son estructuras de piedra encalada, de forma cilíndrica, con las aspas de madera apuntando al cielo. El más antiguo data de principios del siglo XIX. Aunque ya no muelen trigo, se conservan en buen estado y son el símbolo del pasado agrícola de Agistri.

Antes de que el turismo llegara a la isla, Agistri vivía del campo y del mar. Los molinos aprovechaban el viento constante del Sarónico para moler el grano que cultivaban en las terrazas de la isla. Hoy solo quedan estos dos, pero hubo varios más repartidos por la costa.

El atardecer desde aquí es una experiencia que recordamos con los ojos cerrados. El sol se esconde detrás de las montañas del Peloponeso y el cielo explota en naranjas, rosas y morados. El mar se vuelve una lámina dorada. Los pinos, abajo, se tiñen de sombras alargadas. Egina flota en el horizonte como un espejismo.

Estuvimos sentados en las escaleras de piedra del molino durante casi una hora. Sin hablar. Solo mirando. De vez en cuando, el viento movía las aspas con un chirrido suave. Como si el molino siguiera vivo.

Los molinos están a un minuto andando de la iglesia de Zoodochos Pigi. No hay que pagar entrada. No hay colas. No hay tienda de souvenirs. Solo el viento, las piedras viejas y el mejor atardecer del Golfo Sarónico.

Si vienes a Agistri, sube aquí al menos una vez. A ser posible, con una cerveza fría en la mano. Y quédate hasta que la última luz desaparezca tras las montañas. Te prometemos que no olvidarás ese momento.