Metochi, el mirador secreto de Agistri
Metochi es de esos lugares que encuentras sin buscarlos. Estábamos pedaleando por la carretera interior, la que une Skala con Megalochori sin pasar por la costa, cuando vimos un desvío que subía a una colina. No había ningún cartel. Solo una pista asfaltada que serpenteaba entre pinos. Decidimos subir. Y fue la mejor decisión del viaje.
Arriba nos encontramos con Metochi. Un puñado de casas de piedra, una plaza diminuta con una fuente, y las mejores vistas de toda la isla. Desde aquí se ve Egina al norte, el Peloponeso al oeste y, en días muy claros, hasta la silueta lejana de Hidra. El atardecer desde este punto es sencillamente mágico. El sol se pone sobre las montañas del Peloponeso y tiñe el mar de naranja y rosa.
Metochi es la aldea más pequeña y menos visitada de Agistri. Apenas viven aquí una veintena de vecinos. No hay tavernas ni tiendas. Solo silencio, pinos y vistas. Si vienes al atardecer, lleva una cerveza y algo de comer. Siéntate en el banco de la plaza. Y simplemente mira. No necesitas nada más.
Junto al pueblo arranca un sendero que se interna en el bosque de pinos hacia la costa oeste. Paseamos una media hora entre troncos retorcidos y suelo de agujas de pino. El sendero desemboca en un mirador natural sobre los acantilados. Abajo, el mar rompe contra las rocas. No hay playa. No hay acceso. Solo el sonido del viento y el azul infinito.
Metochi no aparece en muchas guías. Y quizá sea mejor así. Es uno de esos secretos que solo comparten quienes han estado aquí. Un lugar donde Agistri se muestra tal cual es: verde, silenciosa y profundamente bella.