Kampos es la parte de Quíos que menos se parece a una isla griega. Es una llanura fértil de unos siete kilómetros cuadrados, al sur de la capital, cruzada por caminos estrechos entre muros altos de piedra rojiza. Detrás de esos muros hay huertos de cítricos y mansiones.
Doscientas mansiones, más o menos. Las levantaron entre los siglos XV y XVIII las familias genovesas primero y las grandes familias armadoras quiotas después, cuando la isla era una de las plazas comerciales más ricas del Egeo.
Cómo son las casas
El esquema se repite. Un muro alto que no deja ver nada desde el camino. Un portón de madera pesada bajo un arco de piedra. Y detrás, un patio empedrado con guijarros formando dibujos, un pozo o una noria (la manganos, movida por burro o caballo), un jardín de cítricos y la casa al fondo.
La arquitectura mezcla influencias genovesas, otomanas y locales, con arcos, escaleras exteriores y balcones de piedra tallada. Algunas están perfectamente restauradas y funcionan como hoteles, otras se caen a trozos, y unas cuantas siguen siendo casas familiares con la ropa tendida en el patio.
El terremoto de 1881 tiró muchas. Se nota en las que quedaron a medias.
En bicicleta, sin duda
Kampos se recorre mal en coche: los caminos son estrechos, sin apenas dónde parar, y desde el asiento no ves nada por encima de los muros.
La forma buena es en bicicleta. En la Chora hay alquiler municipal por horas (unos tres euros la hora, ocho el día) y también alquiler privado. Desde el puerto son veinte minutos pedaleando, todo llano.
En bici puedes parar donde quieras, mirar los portones abiertos y meterte por caminos secundarios. Es probablemente el mejor plan tranquilo de la isla.
Si vas a pie, escoge un tramo concreto: la llanura entera son varias horas de caminata sin sombra.
Qué visitar por dentro
La mayoría de las mansiones son privadas, pero hay dos entradas seguras.
Perivoli es una mansión de 1742 con cafetería en el patio, abierta al público. Se puede tomar algo entre los naranjos y ver la casa por dentro. Aquí está también el pequeño Museo de los Cítricos (Citrus Memories), que cuenta la historia comercial de las mandarinas de Quíos, que llegaron a exportarse a media Europa. Se pueden probar dulces de cítricos y comprar mermeladas de naranja amarga hechas allí.
Varias mansiones convertidas en hotel, como Perleas, permiten entrar a tomar algo aunque no te alojes. Merece la pena preguntar.
Cuándo ir
En abril y mayo, con el azahar en flor, el olor es abrumador. Es la mejor época sin discusión.
En verano funciona igual pero pierde la flor y gana calor. Sal antes de las once o después de las seis.
En invierno se recogen las mandarinas, y si tienes suerte de coincidir con una cosecha, es un espectáculo distinto.
Dormir aquí
Kampos es la zona con más encanto de la isla para alojarse, y una de las decisiones que más cambian un viaje a Quíos. Dormir en una mansión con patio de guijarros y desayuno bajo los naranjos cuesta entre setenta y cien euros la doble, bastante menos de lo que costaría un alojamiento equivalente en las Cícladas.
La contrapartida: necesitas coche o bici para todo, y la playa más cercana es Karfás, a tres kilómetros. Para quien va con niños y quiere playa a pie, no es la mejor opción. Para pareja o viaje tranquilo, es lo mejor de Quíos.
Práctico
Está a seis kilómetros al sur de la Chora, pegado al aeropuerto (el ruido es puntual y no molesta, hay pocos vuelos).
Hay autobús urbano regular desde la capital.
No hay una entrada ni un centro de visitantes: Kampos es una zona, no un monumento. Empieza por la carretera de Perivoli y déjate llevar.
La visita razonable es media mañana en bici, o dos horas si vas directo a Perivoli y su museo.
Combina bien con una tarde de playa en Karfás o con la subida a Nea Moni, que queda al oeste por carretera de montaña.